•La recomendación es reemplazar el tiempo frente a la luz azul con actividades que enciendan la imaginación, fortalezcan lazos familiares y permitan disfrutar del juego no estructurado.
Noviembre marcó el fin del ciclo escolar y con ello surge una interrogante recurrente para madres, padres y cuidadores: ¿Qué hacer con las niñas y niños durante estos meses de verano para alejarles de las pantallas? Aunque útiles en su justa medida, el uso prolongado puede causar fatiga visual, sequedad ocular e incluso problemas de visión a largo plazo. Además, puede generar problemas de ansiedad, depresión y dificultades en las habilidades sociales de los niños. La Dirección General de Promoción de la Salud, en el marco de la estrategia Escuela Saludable, insta a los padres, madres y tutores a reemplazar el tiempo frente a la luz azul con actividades que enciendan la imaginación y fortalezcan los lazos familiares, brindando la oportunidad de desarrollar habilidades blandas, fomentar la creatividad y, sobre todo, disfrutar de la magia del juego no estructurado. Estas son algunas opciones de bajo costo y alto impacto para unas vacaciones verdaderamente provechosas: Club de lectura y escritura: consiste en dedicar un tiempo diario o semanal a la lectura de libros elegidos por el niño, y luego hacer una pequeña actividad relacionada, que puede ser dibujar al personaje favorito o reescribir un final alternativo. Esta actividad favorece la alfabetización y la comprensión, ya que mantiene activo el cerebro del niño, evitando el retroceso de aprendizaje. La invención de historias estimula la imaginación y la capacidad de estructurar pensamientos de manera lógica y atractiva; enseña a los niños nuevas palabras y estructuras gramaticales. Proyectos con elementos reciclados: convertir el hogar en un taller de invenciones utilizando cartón, botellas plásticas, telas viejas, bloques de madera o plástico y cualquier material reutilizable, para que los niños trabajen en un "Gran Proyecto" durante varios dÃas o semanas, como ser construir un fuerte o una casa de muñecas. Este tipo de actividades fomenta el pensamiento espacial, la resolución de problemas y la motricidad fina. Exploración de la naturaleza y jardinerÃa: consiste en animar a los niños a ser "superhéroes de la naturaleza", a través de actividades simples como ir a la plaza y coleccionar hojas/piedras para un herbario, o algo más elaborado como iniciar una pequeña huerta o jardÃn en macetas. Involucrarles en el proceso de siembra, riego y documentar el crecimiento ayudará a generar conciencia ecológica y respeto por los ciclos de la vida. Asimismo, el hecho de cuidar de una plantita les enseñará sobre la responsabilidad y la rutina. Juegos de mesa, cartas y retos: desempolvar los juegos de mesa clásicos (ajedrez, damas, dominó, banquero) y fomentar los juegos activos en el patio o la sala. Estos juegos interactivos fomentan el respeto por las reglas, la espera del turno, la gestión de la frustración al perder y la celebración al ganar, pilares fundamentales de la convivencia. Constituyen excusas perfectas para pasar tiempo de calidad juntos, creando recuerdos duraderos y risas genuinas. Mini chef: consiste en involucrar a los niños, siempre bajo supervisión de un adulto, en la preparación de comidas y snacks sencillos. Desde medir ingredientes para galletitas hasta preparar su propio desayuno, esto refuerza la autonomÃa y enseña a dar un sentido de logro y autosuficiencia.
