• El Ministerio de Salud Pública, a través de la Dirección General de Promoción de la Salud, enfatiza la importancia de recuperar un enfoque multidimensional de la nutrición, basado en la evidencia científica y la sostenibilidad de los hábitos.
En el contexto actual, caracterizado por la proliferación de dietas restrictivas y la promoción de "superalimentos" en plataformas digitales, se insta a la ciudadanía a adoptar una perspectiva crítica frente a la desinformación nutricional, con un mensaje claro y respaldado en la evidencia: la alimentación saludable no se construye a base de dogmas ni de ingredientes endiosados, sino a través de un enfoque integral que contempla múltiples dimensiones de la vida. "Vivimos un auténtico caos informativo donde todo parece blanco o negro, bueno o malo, gluten sí o no, carbohidratos amigos o enemigos. Pero la nutrición es mucho más compleja. Desde esta dirección general venimos observando cómo estas modas generan confusión y, en muchos casos, una relación poco saludable con la comida", señaló el Lic. Gustavo Montañez, director general de Promoción de la Salud. A continuación, se presentan los cuatro pilares fundamentales para una alimentación saludable y equilibrada: 1. Qué comemos: la base, no la obsesión Lejos de buscar ingredientes mágicos, la evidencia que monitoreamos desde nuestros talleres respalda un patrón claro: priorizar alimentos frescos, de proximidad y de temporada, como una dieta rica en frutas, verduras, fibra, proteína vegetal, grasas insaturadas como el aceite de oliva y consumo moderado de carne y pescado, es el camino más confiable; todos conducen a una misma meta: mejor salud. "Hay que desmentir varias creencias instaladas; por ejemplo, no hay diferencia nutricional significativa entre la sal de colores y la blanca, la piña no tiene propiedades quemagrasas y la azúcar morena no es más nutritiva que la blanca. Son simplificaciones que confunden a la población", advirtió Montañez. 2. Cuándo comemos: el reloj interno importa El cuerpo humano tiene un reloj interno que necesita sincronizarse con la luz del día, el sueño y con los horarios de las comidas. Todo indica que no desayunar se asocia a mayor riesgo de obesidad, y cenar muy tarde también. “Estamos diseñados para comer durante el día; cuanto más alejados del sueño, mejor”, explicó Montañez. "En cuanto al ayuno intermitente, tan de moda, la evidencia disponible y nuestra experiencia indican que no es superior a una dieta hipocalórica convencional para perder peso. Además, detectamos riesgos en personas con ansiedad o mala relación con la comida; puede generar atracones”, aclaró. 3. Cómo comemos: el acto perdido Comer rápido, frente a una pantalla y sin prestar atención se ha convertido en la norma, pero esto tiene consecuencias. Si no se da tiempo al cuerpo, los mecanismos de saciedad no se activan y se come de más. Se ha pasado de la cocina pausada que cimentaba la comida familiar a la velocidad e improvisación constantes. Desde esta dependencia ministerial se promueve la planificación como herramienta clave: planificar las comidas ayuda a no improvisar, y no improvisar lleva a una mejor elección. 4. Por qué comemos: la dimensión emocional No siempre se come por hambre; a veces se hace por ansiedad, aburrimiento, tristeza o soledad. Es lo que se conoce como alimentación emocional. Desde los programas de salud mental y nutrición se observa un fenómeno creciente: la comida se usa para regular emociones, y también aparece la culpa. Hay personas que consumen aguacate, cúrcuma o tés adelgazantes para calmar el sentimiento de culpa por haber comido algo que consideran malo. Tanto endiosar unos alimentos como condenar otros es señal de una relación conflictiva con la comida. La alimentación tiene que ser disfrute, no una fuente más de ansiedad o culpa. Un llamado a la calma y al pensamiento crítico La salud no se construye con soluciones mágicas ni con recetas virales; se construye día a día, con información confiable, con pequeños cambios sostenibles y, sobre todo, con una mirada amable hacia uno mismo. La meta no es seguir modas, sino promover hábitos que perduren en el tiempo. La Dirección General de Promoción de la Salud recomienda consultar siempre con profesionales de la nutrición para obtener guías personalizadas y desconfiar de cualquier plan que prometa resultados en tiempo récord o que excluya grupos completos enteros de alimentos sin justificación médica.
