Retorno a clases: el lavado de manos es la primera línea de defensa para escolares

Esta práctica previene muchas enfermedades y es una herramienta de salud pública económica, sencilla y efectiva para salvar vidas y tener un año escolar seguro.

Desde el Ministerio de Salud Pública, a través de la Dirección General de Promoción de la Salud, se recomienda el incentivo en niños y niñas a la práctica del lavado de manos, no solo como norma de aseo, sino como una lección de autocuidado y responsabilidad colectiva, ya que protege a toda la familia.

Con el inicio del ciclo lectivo, la comunidad educativa no solo se prepara para los útiles escolares y uniformes, también se enfrenta al reto de mantener la salud. En este contexto, la Dirección General de Promoción de la Salud, del Ministerio de Salud Pública y Bienestar Social, recuerda que el lavado de manos es la herramienta de salud pública más económica, sencilla y efectiva para salvar vidas y tener un año escolar seguro.

Las manos son, por naturaleza, el principal vehículo de microorganismos. Virus, bacterias y parásitos encuentran en ellas el transporte ideal para colonizar superficies comunes como pupitres, útiles escolares y juguetes. Si no se interrumpe esta cadena de transmisión, el riesgo de brotes en las instituciones educativas aumenta en gran manera.

No basta con mojarse las manos; la fricción con jabón es lo que rompe la membrana de los patógenos, eliminándolos eficazmente.

El lavado correcto de manos con agua y jabón es recomendable hacerlo durante 40 a 60 segundos de tiempo, para lograr un óptimo resultado y consiste en:

Humedecer las manos con agua corriente, colocar jabón en las palmas, frotar toda la superficie, incluidas las palmas, el dorso, entre los dedos y, especialmente, debajo de las uñas.

Enjuagar bien con agua corriente y secarlas, si es posible, con toallas desechables.

Momentos críticos: ¿Cuándo es obligatorio?

La vigilancia debe ser constante tanto en la escuela como en el hogar. El hábito debe activarse de forma automática en estas situaciones:

Antes de manipular o ingerir alimentos.

Después de ir al baño, toser, estornudar o sonarse la nariz.

Después del recreo, después de tocar a las mascotas, manipular basura o inmediatamente al llegar a casa desde la calle.